martes, 16 de octubre de 2012

OVNIS - SEÑALES EN EL MAR

Algunos me han preguntado después de leer el post de Cristobal Colón sobre el avistamiento de luces extrañas en el mar, que porqué no me extiendo un poco más.
La verdad, es que yo no soy un erudito, aunque esté bastante informado, debido a que he leído mucho, e incluso he sido testigo, junto a mi esposa, hace algunos años, de un extraño y espectacular avistamiento, que algún día a lo mejor me atrevo a contar, y si no lo he hecho antes es porque en aquel momento no llevaba cámara fotográfica para certificar el acontecimiento.

En primer lugar he de citar a las Islas Canarias como un lugar de avistamientos en el mar, de luces extrañas con una frecuencia no común.

Avistamiento de un OVNI saliendo del mar en Canarias.




También se han  vistos muchos extraños avistamientos al norte de la isla de Mallorca.
Los testigos de estos avistamientos aseguran que son OVNIS que entran y salen del mar. A veces se ha visto una enorme plataforma llena de luces mulicolores, mucho más grande que cualquier tipo de barco, y desplazándose a una velocidad fuera de lo normal.

Desde la antigüedad se ha hablado de la isla de San Borondón. Esta isla se la ha situado en muchas partes, pero una de las preguntas que nos hemos de plantear es: ¿Y no será una especie de OVNI nave nodriza de un tamaño considerable que se confunde con una isla?.
Esto sería una explicación sobre las bases extraterrestres en nuestro planeta, y concretamente en el mar.
¿Y el Triángulo de las Bermudas?



¿Y porqué el mar?
El mar ocupa las tres cuartas partes de la tierra, por lo que no es nada descabellado que una cultura extraterrestre que quisiera permanecer en nuestro planeta, eligiera crear colonias en el mar, antes que en la tierra. Sería una manera de pasar de forma desapercibida entre nosotros y así poderse mover con suma discreción. No olvidemos que la profundidad media de los oceános es de 4000 metros, lo que hace casi imposible explorar todo el fondo de los mares.

En "Libro de los condenados" de Charles Fort, hay registrados algunos de estos extraños avistamientos, y estamos hablando de noticias recogidas por dicho autor a finales del siglo XIX y principios de siglo XX.
Estos aconteimientos registrados por Fort son más fáciles de interpretar que los descritos por marinos de la antigüedad debido a que nosotros estábamos en esa época más adelantados científicamente. Podíamos comparar un objeto volador con un avión, puesto que ya era posible, o la observación de objetos extraños en el espacio, puesto que había una tecnología óptima, astronómicamente hablando, para observar el cielo bastante avanzada. Era más fácil dar explicaciones coerentes a los fenómenos observados.

Pero veamos algunos pasajes de Charles Fort en su libro:

El 27 de agosto de 1885, a las ocho y media de la mañana, Mrs. Adelina D. Basset observó en las Bermudas «un extraño objeto que procedía del sur en medio de las nubes». Llamó a su amiga, Mrs. L. Lowell y ambas vieron, no sin alarma, el objeto de forma triangular, parecido a una vela de bote, y del que pendían cadenas, mostrar intenciones de aterrizar, para alejarse después por encima del mar y desaparecer finalmente muy alto entre las nubes
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«Estando especializada su excelente revista Knowledge en los fenómenos meteorológicos, me siento tentado de pedirles la explicación del siguiente suceso, que he presenciado a bordo del vapor Patna, de la Compañia de las Indias Británicas, en el curso de un viaje por el golfo Pérsico. En mayo de 1880, en una noche muy oscura, hacia las once treinta, aparecieron de repente en el cielo, a un lado y a otro de la nave, dos enormes ruedas luminosas que giraban sobre sí mismas, y cuyos radios parecieron rozar el buque a su paso. Dichos radios medían de dos a trescientos metros de largo, y se parecían a las varas de las maestras de escuela. Y aunque cada rueda debía tener quinientos o seiscientos metros de diámetro, se veían siempre distintamente los dieciséis radios que la formaban. Sin otra luz visible en el aire por encima del agua, este resplandor fosforescente pareció deslizarse paralelamente a la superficie del océano. La apariencia de estos radios puede ser imitada casi exactamente agitando, desde una barca, una linterna horizontalmente por encima del agua, y haciéndole describir círculos concéntricos. Asistieron, aparte de mí mismo, al mencionado fenómeno el capitán Avern, del Patna, y Mr. Manning, tercer oficial.

«Lee Fore Brace.»

«PS.-Las ruedas avanzaron paralelamente al barco, como escoltándolo, alrededor de veinte minutos. L.F.B.» Knowledge, 11 de enero de 1884: Carta de Mr. «A. Mc. D.»: «Su Lee Fore Brace debería haber firmado su comunicación con el sobrenombre de El Moderno Ezequiel, tanto rivaliza su visión con la del profeta en lo que a prodigios se refiere.» Basándose en las cifras publicadas, Mc. D calcula que la rueda debería desplazarse a ciento sesenta kilómetros por hora, velocidad que considera increible: «El seudónimo de su corresponsal indica demasiado que está acostumbrado a recibir viento en sus velas»
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Según un informe dirigido a la Oficina Hidrográfica de Washington por su oficina de San Francisco y reproducido en Science, en la medianoche del 24 de febrero de 1885, a 37º latitud Norte y 170º longitud Este, en algún lugar entre Yokohama y Victoria, el capitán del Innerwich fue despertado por su segundo, que había visto en el cielo algo anormal. Tras tomarse un tiempo en despertarse completamente, el capitán ganó el puente de la nave y vio el cielo en llamas. «De pronto, una enorme masa inflamada apareció por encima de la nave, cegando completamente a los espectadores», y cayó al mar. Su tamaño puede ser evaluado por el volumen de agua que levantó, y que se precipitó contra la nave con un ruido ensordecedor, sumergiéndola «bajo una espuma blanca y rugiente». El capitán, un viejo marino lleno de experiencia, declaró que el horror del espectáculo desafiaba toda descripción.

En Nature y L'Astronomie, se dice que esta «enorme bola de fuego» se elevó del mar cerca de cabo Race, hasta alcanzar los ciento cincuenta metros de altura, y avanzó cerradamente sobre la nave, siendo visible por más de cinco minutos. Nature la identifica como un rayo «en bola», pero Flammarion, en Thunder and Lightning, la describe como de enorme tamaño. El capitán Moore, del vapor inglés Siberian, declaró en el American que el objeto se desplazó «contra el viento» antes de desaparecer y que había visto ya antes, en el mismo lugar, tales apariciones.



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Del Report of the British Association: El 18 de junio de 1845, según el Malta Times, a bordo del bergantín Victoria, a mil trescientos kilómetros de Adalia, en Asia Menor, a 36º 40' 56" latitud Norte y 13º 44' 36'' longitud Este, se vieron tres cuerpos luminosos salir del océano a cuarenta metros del buque y permanecer visibles durante diez minutos.
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El 4 de abril de 1901, a las ocho y media de la mañana, en el golfo Pérsico, el capitán Hoseason del vapor Kilwa navegaba en plena mar. «El agua no era fosforescente», reténganlo bien. De pronto, enormes «ondulaciones» luminosas aparecieron bruscamente en la superficie de las aguas. No emitían más que una débil luz, y se apagaron alrededor de un cuarto de hora más tarde, después de haber evolucionado a diez kilómetros por hora.
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El 5 de junio de 1880, a lo largo de la costa de Malabar, el comandante Harris, del vapor Shahjehan, vio, a las diez de la noche, sobre un mar calmado y bajo un cielo sin nubes, un objeto tan extraño que le hizo detener su nave. Describe olas espaciadas de brillante luz, y una sustancia no identificable flotando sobre las aguas: no iluminaba nada, pero parecía iluminada, como el resto del mar, por gigantescos rayos luminosos. «Se sucedían ola tras ola, en uno de los espectáculos más grandes y mas solemnes que se pueda imaginar».
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Extracto de una carta de míster Douglas Carnegie, de Blackheath, Inglaterra: «En el curso de este viaje, asistí a una de las más extravagantes manifestaciones eléctricas que jamás haya visto». En el golfo de Omán, observó una capa fosforescente, aparentemente inmóvil. Pero a veinte metros del lugar, «rayos de cegadora luz vinieron a chocar con la proa de la nave a una prodigiosa velocidad, que puede estimarse entre los cien y los doscientos kilómetros por hora». Las olas se sucedían de tres en tres metros. «Recogí una muestra del agua y la examiné al microscopio, sin detectar nada anormal. Los rayos parecían provenir de las profundidades marinas. Nos golpearon primero a través, y observé que una nave cercana no torcía su trayectoria: se hubiera dicho que la atravesaban de lado a lado.»

El golfo de Omán se halla en la entrada del golfo Pérsico.

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Mr. S. C. Patterson , segundo del vapor Delta, cuenta que, el 14 de marzo de 1907, en el estrecho de Malaca, a las dos de la madrugada, vio durante una media hora «rayos que parecían girar sobre un eje, como los radios de una rueda: parecían medir trescientos metros de lado».
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Charles Fort tuvo la paciencia de registrar numerosos eventos que podéis leer en su legado "El libro de los condenados"

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OTRAS OBSERVACIONES DE OVNIS EN EL MAR:
El 10 de enero de 1958, en el estado de Sao Paulo, Brasil, el capitán Crisólogo Rocha, se hallaba sentado junto a su esposa en la terraza de su casa, observando el mar, cuando vio algo extraño en el mar, similar aun islote. Cogió sus prismáticos y observó que aquello no podía ser un islote, puesto que allí no había existido jamás ninguno. ¿Que era pues?
Alertados los vecinos, todos observaron la extraña forma. Empezaron a distinguir algo así como dos estructuras plateadas, con un número indeterminado de objetos que se desplazaban por su interior. Poco después, las dos extrañas estructuras desaparecieron bajo el agua.

Hay otra parte del mundo, llamada el "Mar del Diablo", en el Pacífico, en donde, al igual que en el triángulo de las Bermudas, se habla de numerosas apariciones de luces extrañas en el cielo, y de desapariciones misteriosas de aviones y barcos.

En marzo de 1967, en el golfo de Tailandia, se observaron extraños objetos en forma de enormes ruedas que giraban rozando el mar. 

En fin amigos, de lo que se trataba era de comentar que lo que vió el Gran Almirante Cristóbal Colón era algo inusual. No, no lo era. Era algo habitual entre los grandes navegantes y descubridores aventureros de todos los tiempos el observar extrañas luces en el cielo. Hemos de pensar en la obscuridad de la noche, en medio de un mar en calma y mirando al cielo sin nubes durante horas. Un día tras otro. Seguro que observaron muchas cosas extrañas en el cielo.
Posteriormente se ha demostrado que esas extrañas luces, OVNIS, meteoritos, o como se les quiera llamar, han existido desde la más remota antigüedad. A veces se han interpretado como una ayuda celestial a los atrevidos iluminados, o a veces, presentándose de forma espontánea, para manifestarse como presagio de algún acontecimiento. (premeditadamente programado?).

1 comentario:

  1. Muy interesante.
    No sabía que se hubiesen registrado tantas noticias de extraños avistamientos en el mar con tanto detalle, desde hace tantísimos años y descritos con todo detalle por personajes "fiables".

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