jueves, 9 de diciembre de 2010

EL LIBRO DE HENOCH

A finales de 1970, apareció en España la primera edición de "El Libro de Henoch", editado en Barcelona por Editorial 71/2 S.A.
Fue toda una novedad puesto que para los amantes de lecturas antiguas y especialmente de contenido religioso, en nuestro país existían muy pocos libros de contenido esotérico traducidos al castellano.
En 1821, el arzobispo Lawrence lo tradujo al inglés. La versión etíope original, que es la más completa consta de 26 manuscritos. Hay también una versión griega, además de las referencias bíblicas del Génesis, en el Antiguo Testamento.


El libro presentaba una introducción del gran Antonio Ribera, digna de tener en cuenta, por sus grandes conocimientos sobre estos temas.
Dice entre otras cosas:
"Las visiones de Henoch describen todos los Misterios de la Iniciación. Tal vez San Agustín tuviese razón cuando afirmaba que la Iglesia rechazaba el Libro de Henoch de su cánon debido a su gran antigüedad. Sin embargo, los primeros cristianos -entre ellos San Clemente de Alejandría- aceptaban plenamente el Libro de Henoch".
"Parece ser que en los albores de la Historia humana -e incluso antes- nuestra Especie recibió benéficas y civilizadoras influencias por parte de seres venidos del Cosmos. El rastro de estas influencias es harto evidente en muchas Cosmogonías y Mitologías antiguas".
"Pero somos también hijos del cielo estrellado. Aquí está el misterio de nuestro entronque -espiritual, no material- con el Cosmos. Aquí caben los "educadores", desde los ángeles del Libro de Henoch y del Antiguo Testamento, esos mensajeros de Yahwé -¡quién era Yahwé! ¿el organizador de Teofonías en lo alto del monte Sinaí, entre otras cosa?- hasta las misteriosas parejas Isis-Osiris y Viracocha-esposa hermana".
"¿ Y qué cabría decir del Panteón de los dioses helenos, esos dioses tan humanos, con nuestras mismas flaquezas y deseos, pero que cuentan entre ellos a un Triptolemo que entrega el trigo a los hombres -como hizo Osiris en Egipto- por indicación de la diosa Deméter?"
"El contacto antiguo ya cesó, pero ahí quedan sus frutos, encerrados en media docena de libros que los hombres tienen por sagrados. Y uno de ellos es éste que tienes en tus manos, amigo lector".

Es importante destacar que Henok no murió, sino que Dios se lo llevó:
Génesis, 5, 24, "Y siguió caminando en pos de Dios, y desapareció: porque Dios se lo llevó."

El libro, escrito por Henoch, empieza con una serie de explicaciones sobre la predicción del juicio final, el orden de la creación, las diversas clases de árboles, el calor, y el desorden y castigo de los pecadores.
A continuación, en la primera parte, describe con mayor detalle la unión de los ángeles con las hijas de los hombres, y sus posteriores consecuencias. Este interesante pasaje merece punto y aparte, ya que es mencionado en el Génesis,6, 1, AntiguoTestamento,

Dice textualmente:
Así pues, cuando los hijos de los hombres se hubieron multiplicado, y les nacieron en esos días hijas hermosas y bonitas; y los ángeles, hijos de los cielos, y las desearon, y se dijeron entre ellos: "Vamos, escojamos mujeres entre los hijos de los hombres y engendremos hijos".
Entonces Semyaza, su jefe, les dijo: "Temo que quizá no queráis cumplir esa obra, y yo seré, yo solo, responsable de un gran pecado".
Pero todos le respondieron: "Hagamos todos un juramento, y prometámonos todos con un anatema no cambiar de destino, sino ejecutar realmente ese destino".
Entonces todos juntos juraron y se comprometieron acerca de eso los unos hacia los otros con un anatema.
Así pues, todos ellos eran doscientos y descendieron sobre Ardis, la cima del monte Hermón; y lo llamaron "monte Hermón" porque es sobre él donde habían jurado y se habían comprometido los unos con los otros con un anatema.
Y he aquí los nombres de sus jefes: Semyaza, su príncipe, Arakib, Aramiel, Kokabiel, Tamiel, Ezeqiel, Baraqiel, Asael, Armaros, Batariel, Ananiel, Zaqile, Samsapeel, Satariel, Touriel, Yomeyal, Arazeyal.
Esos son sus jefes de decena.

Estos y todos los otros con ellos, tomaron mujeres; cada uno escogió una, comenzaron a ir hacia ellas y tener comercio con ellas y les enseñaron los encantos y los encantamientos, y les enseñaron el arte de cortar raíces y la ciencia de los árboles.
Así pues, éstas concibieron y pusieron en el mundo grandes gigantes cuya altura era de tres mil codos (trescientos codos en versión etíope distinta).

Azazel enseñó a los hombres a fabricar espadas, y machetes, el escudo y la coraza del pecho, y él les mostró los metales , y el arte de trabajarlos, y los brazaletes y los aderezos y el arte de pintarse los ojos con antimonio y de embellecerse los párpados, y las más bellas y más preciosas piedras y todos los tintes de color y la revolución del mundo.
Amiziras instruyó los encantadores y los cortadores de raíces. Armaros a romper los hechizos. Baqiel los astrólogos, Kakabiel, los presagios, Tamiel el significado del aspecto de las estrellas, y Asdariel enseñó el curso de la luna.

Después de leer estas líneas, no quema más remedio que sacar la conclusión de que los ángeles eran instructores venidos del espacio, y que se unieron a las hembras humanas, quizás llevados por su larga estancia en nuestro planeta sin tener contacto sexual con mujeres, o por algún motivo diferente, muy probablemente de tipo "cruce de razas" para ver si eran capaces de tener continuidad entre nosotros a través de híbridos. ¡Quien sabe!
Además, parece que este comportamiento no gustó a Yahwé, ni a sus más leales ángeles, lo que provocó graves consecuencias para Samyaza y sus fieles.


Más adelante, Miguel, Uriel, Rafel y Gabriel, considerados los ángeles buenos intervienen, y comentan entre ellos ..."Tú has visto lo que ha hecho Azazel, cómo ha enseñado toda injusticia sobre la tierra y desvela los secreos eternos que se cumplen en los cielos; como Samyaza, al que tú habías dado el poder de dominar sobre sus compañeros, ha instruído a los hombres. Y ellos se han ido hacia las hijas de los hombres, sobre la tierra, y se han acostado con ellas y se han mancillado con ellas, y les han descubierto todo pecado."

Se desprende de estas palabras, que los ángeles desobedientes, al unirse a las hembras humanas, estaban provocando el nacimiento de híbridos, precipitando y adulterando la evolución natural de la especie humana.
Por tanto, debían ser castigados.

Yahwé envia al hijo de Lamech, para que vaya a Noé y le comunique que se esconda y que le instruya, que pronto enviará un diluvio.

"El Señor dijo aún a Rafel: Encadena a Azazel, de pies y manos, y arrójalo a las tinieblas"
Más adelante se describe la Asunción de Henoch y su misión cerca de los ángeles malos.
"Ante esos sucesos Henoch había sido ocultado; y no hay ningún hijo de los hombres que sepa donde está, y lo que le haya sucedido".

Es curioso como describe Henoch la Mansión y el Trono de Dios. También es llevado a la Mansión del Trueno, de la Tempestad, de la Luz, etc....
En el capítulo XVIII, describe un viaje espacial, y a su manera, describe lo que ve desde el cielo. Interesante descripción.
También hay una extraña descripción (cap. LVIII) de lo que hoy día, cualquiera de nosotros lo describiría de otra manera. Carros montados por hombres y llevados sobre los vientos atraviesan el cielo.
Dice exactamente:
"Y llegó tras eso, que vi otro ejército de carros, sobre los que había hombres montados; y ellos iban, sobre los vientos, de oriente y de occidente hasta mediodía. Se oía el rodar de los carros, y cuando este tumulto se produjo, los santos se apercibieron del cielo, la columna de la tierra fue echada abajo de su base y se oyó de una extremidad del cielo a la otra durante un día."
¡Menuda flota de objetos voladores tripulados!

En el capítulo LX, Henoch describe la agitación del cielo:
"En el año quinientos, en el séptimo mes, el decimocuarto día del mes en la vida de Noé, en esta parábola, yo vi que el cielo de los cielos se veía sacudido por una gran sacudida y la armada (el ejército) de Más Alto, y los ángeles, por millares de miles y miríadas y miríadas, se veían agitados por una gran agitación. La Cabeza de los Días" sobre el asiento de su Gloria estaba sentado, y los ángeles y los justos permanecían de pié alrededor de Él".

Vale la pena leerlo, porque es un libro misterioso, lleno de información muy interesante descrita en lenguaje antiguo cuyas expresiones son a veces difíciles de interpretar por nosotros, los "híbridos humanos" del siglo XXI.

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