lunes, 16 de diciembre de 2013

POEMAS Y SONETOS CACHONDOS

Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645)

A UNA NARIZ
Érase un hombre a una nariz pegado, 
érase una nariz superlativa, 
érase una nariz sayón y escriba, 
érase un peje espada muy barbado. 
Era un reloj de sol mal encarado,  
érase una alquitara pensativa, 
érase un elefante boca arriba, 
era Ovidio Nasón más narizado. 
Érase un espolón de una galera, 
érase una pirámide de Egipto, 
las doce Tribus de narices era. 
Érase un naricísimo infinito, 
muchísimo nariz, nariz tan fiera 
que en la cara de Anás fuera delito.
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¡Atención! ...lo que viene ahora es bastante fuerte y no se lo aconsejo a personas recatadas y de moral reprimida. Después no quiero comentarios fuera de lugar porque ya estáis advertidos. Si continuas leyendo es porque la curiosidad se impone a la moral, así que cada cual con su conciencia.
Tampoco es aconsejable para menores de 16 años. Ya estáis advertidos.



Hace muchos años, en mis años mozos, uno de mis íntimos compañeros trajo esta poesía y la leyó delante de todos (en la intimidad, claro) y nos partíamos el culo de risa porque nos pareció realmente fuerte, muy fuerte, en una época en la que estábamos todos muy reprimidos -sexualmente hablando- además de otras cosas.
Aquí os la dejo, tal y como nos la relató nuestro querido amigo Santi García.
DON JUAN TENORIO EN VERSIÓN  CACHONDEO ERÓTICO
(Anónimo, basado en la obra de José Zorrilla)

Don Juan: 
¿No es verdad ángel de amor
que en esta apartada orilla
mi verga con mantequilla
se desliza mucho mejor?

Oh, mi bellísima Inés
ven aquí ante el espejo,
apártate los pendejos
y dámela de una vez
De mi polla ya ves
todo el altivo vigor.
No te produzca temor
verla grande y macanuda,
que tu cajeta peluda
la va a aguantar sin dolor.

Aprisa, mi Inés, aprisa
que mis pelotas están
tan llenas, mi Inés, tan llenas
que me parecen ajenas
de lo pesadas que van.
La puerta de tu amor abre
y deja que mi cipote
como al agua el camalote
se deslice a su sabor.

Doña Inés: 
Aunque ya estoy bien caliente
andad Don Juan con cuidado
que en este lugar sagrado
hasta hoy no anduvo gente. 

Don Juan:
No vengáis, amada ardiente,
a deciros tal pavada
ni a poneros colorada
diciendo que sois estrecha.
No veis que para esta fecha
la estrechez esta acabada?

Doña Inés:
Don Juan! Don Juan! Soy doncella!
La puntita nada mas!



Don Juan: 
Nada, nada! Toda ella y las bolas además. 
Así Inés comprenderás 
la grandeza de mi amor 
y sentirás el sabor 
de este polvo que echaremos 
meneándonos los dos!


¡Llamé al cielo y no me oyó,
pero si sus puertas me cierran
clavo la polla en la tierra
y aquí no jode ni Dios!
    Vayamos a aquel sofá 
    para acabar de una vez.

Doña Inés:
   Ya me viene!

Don Juan:
    A mí también! 

Doña Inés:
    Oh Don Juan! 

Don Juan:
    Oh, Doña Inés! 
    (Se oyó un beso y un chasquido
    y de un suspiro un murmullo
    y en medio de tanto arrullo
    de un culo se escapó un ruido
    que sonó como un motor
    y Don Juan ante el olor
    declaro en forma bizarra
    estas endechas de amor:)

Don Juan:
   Oh, tus macanudas tetas!
   Que bien paradas las puntas!
   La calentura trasuntan
   de tan peluda cajeta!
   Oh, este polvo virginal
   que exhaustas dejó mis bolas!
   Oh, este polvo que a solas
   echamos, tan celestial!
   No es verdad, amada ardiente
   que de la cama a la orilla
   y doblando la rodilla
   se coge mucho mejor?

Doña Inés:
    Oh perdóneme señor
    pero a veces en la silla
    me parece la morcilla
    de mucho mejor sabor

Don Juan:
    Pues vamos a ver si es cierto! 

Doña Inés:
   Cuando?

Don Juan: 
   Ahora, vive Dios!
   O es que ya no queréis mas? 

Doña Inés:
   Mas Don Juan! La tenéis muerta!

Don Juan:
   Si tan poca cosa os medra
   sobadla bien y veréis
   como al punto la ponéis
   como si fuera de piedra. 

Doña Inés:
   Es verdad! Ya se despierta!
   Ya levanta la cabeza!
   Ya poco a poco se estira!
   Oh mira, que macanuda belleza!

   (Se abre despacio un puerta
   y aparece una cabeza,
   y ante tamaña herejía
   entra con paso resuelto
   el señor Don Luis! )

Don Luis:
   Oh, que es lo que ven mis ojos?
   Vos, Don Juan? Tu, Doña Inés?
   Que audacia! Que desparpajo!

Don Juan:
   Porque no os vais al carajo?
   Ándate, viejo carcajo,
   déjame con ella a solas! 

Don Luis:
   Esto si que va a traer cola!
   Se la pone hasta las bolas!

    (Absorto, temblando y mudo
    quedo allí Don Luis
    viendo como iba y venía
    aquel cipote morrudo.
    Y aguantar ya mas no pudo:
    en tranquilo subibaja
    y al compás de aquel meneo
    se puso a hacerse una paja. )


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